¿Quién dijo que los clásicos son, como el brandy Soberano, «cosa de hombres»?
La recién concluida XXIII edición de la Clásica de Tenerife, contó con la participación de una cincuentena de féminas.
Una de ellas, Samantha Montaner, fue la primera clasificada, mientras que Cristina Montes de Oca y Cristina Rodríguez de Azero, hija y madre, se clasificaron como primer equipo femenino en la modalidad de Regularidad.
Es cierto, en cualquier caso, que la mayoría de las 50 participantes en la prueba tienen lazos familiares con aquellos que comenzaron a importar estas joyas del automovilismo en las décadas de los cincuenta o sesenta.
Pero cuando se dice que resulta difícil mantener ese patrimonio por la falta de relevo generacional, en esta Clásica Tenerife hemos encontrado ejemplos que nos indican bien lo contrario, tanto en jóvenes hombres como mujeres.
En esta edición, el 25% de los participantes inscritos fueron mujeres, que participaron en cuatro equipos completamente femeninos, tres mixtos con mujeres al volante y 39 navegantes o copilotos.
En los diferentes pódiums absolutos, tres equipos mixtos recibieron trofeo, incluyendo el de ganador absoluto, con Samantha Montaner como navegante de su marido José Carlos Rendón Rodríguez, a los mandos de un MG de 1955. Samantha se mostraba exultante tras ganar la Clásica en la última etapa: «Ha sido emocionante, sabiendo controlar en tiempo y recuperar en un día con mucho tráfico», en referencia a la etapa de Anaga.
Samantha añadió que el éxito se debió a que «no discutimos como marido y esposa; ese fue el trato y lo cumplimos», dijo con una sonrisa antes de tomar un vuelo para la Península. Allí reside junto a José Carlos, hijo del empresario del mismo nombre, quien posee una buena flota de clásicos y es asiduo participante en este tipo de competiciones.
Primeras en turismo
La participación femenina fue también muy destacada en la modalidad Turismo, tanto que subieron tres de ellas como copilotos al podio. Así, Marina Monterrey (con Diego Acosta en Triumph TR6, de 1969), Sofía Monshouwer (con Víctor Machado Pérez al volante del Alfa Romeo Montreal de 1973) y Miriam Casariego (con José María González, con Volvo GT123, de 1968) lograron el primer, segundo y tercer puestos respectivamente.
También hay que destacar la sonrisa eterna que mostraron durante toda la prueba Isabel Hernández Lorenzo y Adela Díaz-Llanos Lorenzo, hija y sobrina respectivamente de Miguel Hernández Calzadilla, presidente del Real Automóvil Club de Tenerife (RACT), organizador de la Clásica Tenerife. Las dos jóvenes no pudieron clasificar finalmente con su Austin Healey de 1955, pero cada día se lanzaban a la carretera, con el sano espíritu de participar «dentro de una gran familia», como reconocía Samantha Montaner, la gran triunfadora.
La más joven
Cristina Montes de Oca, con 24 años, era la más joven participante entre los 200 inscritos, aunque al final, al sustituir a Dalmiro ‘Milo’ Gómez, que tuvo una indisposición el sábado, fue Cristina Mansito, la hija del director de carrera, quien terminó con tal condición, al ser la navegante de Antonio Castro Trujillo, con el Mercedes 220 S.
Para Cristina, que actualmente estudia en Valencia -vive en el centro de la capital y no le afectó la DANA- es su segunda participación a los mandos de un Triumph TR6 de 1969, y lo ha vuelto a hacer con su madre, Cristina Rodríguez de Azero de navegante. «Aquí no hay discusión -nos dice- ella sabe que conduzco o no hay equipo, ella me guía y es lo mejor, porque a mi me entusiasma la sensación de conducir», aseveró, mientras recuerda que «quedar entre los diez primeros de la general ha sido una alegría inmensa, aunque siempre dependes en una prueba así de muchos factores».
Cristina recuerda que ha sido su padre Francis quien «me ha inculcado el gusanillo por los clásicos, aunque termines con agujetas que te duran dos semanas», en referencia a la dura dirección.
Cuando está en Tenerife suele conducir un Mini Cooper, aunque «de vez en cuanto cojo el Defender de mi padre», mientras que en Valencia «me muevo en transporte público cuando voy a la Universidad».
Y dentro de las Montes de Oca no debemos olvidar a Mercedes ‘Mele’, participante permanente el volante de su extraordinario Austin Healey de 1955, uno de los vehículos más fotografiados de esta Clásica. ‘Mele’ tuvo como copiloto este año a su sobrino Álvaro.
